Mi amada alma mater cumple 100 años

Mi amada alma mater cumple 100 años

El 13 de febrero de 1923, la Universidad Libre inicia su proyecto social de educación superior. Ese memorable día abre sus aulas. Si bien es cierto, su origen se remonta a los confines del siglo XIX con la Universidad Republicana, fue en el alba del siglo XX que empezó a tomar fuerza la idea de fundar una universidad de aulas abiertas a todas las personas, sin consideración a sus condiciones económicas y posturas filosóficas, religiosas, políticas, científicas, culturales, o de cualquier otra naturaleza compatible con la civilidad. Era la época en que reinaba el dogmatismo y la intransigencia ideológica. Entonces, el proyecto educativo que se estaba forjando representaba el envés, razón por la cual entre sus adeptos fue calando tan comprometedora denominación.

La Universidad Libre es hija de un postconflicto, de un acuerdo de paz que puso fin a la fatídica Guerra Civil de los Mil Días. Una vez firmada la paz a bordo del barco Wisconsin, se recupera para la Nación los preclaros líderes liberales Rafel Uribe Uribe y Benjamín Herrera Cortés. El primero, con su inigualable compromiso social, precoz para la época, expuso hacia 1903: Si los Republicanos me prestan su apoyo pienso seriamente fundar, con el concurso de los más competentes profesores de esta capital, la Universidad Libre. La vio nacer, pero en el papel, pues la violencia política que campea entre nosotros cegó su vida el 15 de octubre de 1914. El general Uribe es considerado el precursor de esta Gran Casa de Estudios.

El general Herrera, convertido en el político e ideólogo más relevante para la época del Partido Liberal y de las ideas liberales, con férreo compromiso social, sigue agitando las banderas de la Universidad Libre en complicidad con don César Julio Rodríguez, gerente desde 1915 y gran animador de tan genial y necesario proyecto educativo. Luego de la derrota electoral de Herrera hacia la primera magistratura del Estado, en la Convención Liberal celebrada en Ibagué el 3 de abril de 1922, por iniciativa del gerente, pidió el decidido apoyo del Partido Liberal para materializar el referido sueño educativo. Benjamín Herrera, considerado, con razón, el fundador de tan histórica Institución de Educación Superior, una vez obtenido el irrestricto respaldo de los convencionalistas liberales, asume directamente el proyecto educativo buscando patrocinio económico e intelectual para convertirlo en realidad.

Cómo no traer a colación al menos tres fragmentos de las sabias palabras pronunciadas por el fundador el 20 de mayo de 1922 frente a multitudinaria manifestación Pro-Libre: i) La Universidad Libre, no debe ser un foco de sectarismo, ni una fuente perturbadora de la conciencia individual; ii) Ese moderno establecimiento debe ser una escuela universal, sin restricciones ni imposiciones; y iii) Ese hogar espiritual debe ser amplísimo templo abierto a todas las orientaciones del magisterio civilizador, y a todas las sanas ideas en materia de educación.

Aplausos, aplausos. Regocijo nacional. Nace la Universidad Libre, enarbolando caros principios como el de libertad, autonomía universitaria, pluralismo, laicismo, libertad de cátedra, investigación, enseñanza y aprendizaje; pero, lo más importante, comprometida con el principio de inclusión social. Un claustro pionero en la apertura a todos los sectores sociales propiciando espacios hacia el progreso.

El compromiso de esta centenaria Universidad, fundada en Bogotá, va más allá. Gracias a ilustres egresados, quienes, por el éxito profesional y la filosofía institucional, empiezan a tocar las puertas para llevar la educación superior de calidad a sus lugares de origen, nacen las seccionales de Barranquilla, Cali, Cúcuta, Pereira, Socorro y la sede de Cartagena. Ahora, las funciones esenciales de docencia, investigación y proyección social que deben cumplir las universidades se han descentralizado y, en consecuencia, democratizado. Su positivo impacto regional es una apuesta más por hacer de la Libre Una filosofía social hecha Universidad.

Nuestra Universidad, comprometida con los señados principios y con la democracia, la convivencia pacífica, los derechos humanos, la descentralización educativa, no obstante las vicisitudes por las que ha pasado, mediante el Acuerdo 01 de 1994 (Estatutos) aprobado por la Honorable Sala General, empieza una nueva época interpretando la Constitución Política de 1991 y las nuevas leyes en materia de educación superior, bajo el marco del Estado social, constitucional y democrático de derecho.

Así se inicia el presente siglo. Se asumen nuevos retos afincados en el Sistema Nacional de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior afrontando con éxito las exigencias para la obtención y renovación de registros calificados en programas de pregrado y posgrados; ampliando significativamente su oferta en posgrados; y, lo más importante y exigente, incursionando en la acreditación en alta calidad tanto de programas como Institucional. Luego de acreditar varios programas en diversos saberes, cimentada la cultura de la autoevaluación y mejoramiento continuo, se hace memorable el 22 de agosto de 2016, cuando el Ministerio de Educación Nacional le otorga la Acreditación Institucional Multicampus por vez primera. Es como si se hablara de siete universidades acreditadas en alta calidad al mismo tiempo. No sobra advertirse que este reconocimiento social y estatal ha sido honrado por la Institución como se evidencia con su renovación. Con este sello y presencia nacional, actualmente se ofrecen programas en diferentes áreas del conocimiento y en todos los niveles, desde párvulos hasta doctorado.

Gracias a los miembros de la Sala General, consiliarios, presidentes y rectores nacionales, consejeros directivos y demás autoridades nacionales y seccionales, a los docentes, estudiantes, egresados, personal administrativo, de seguridad y servicios generales, en fin, gracias a todos, hoy tenemos motivos para celebrar: la Universidad Libre, El mejor camino al futuro, cumple 100 años. ¡Qué alegría! La Nación, miles de egresados y de familias, estoy seguro de que, como yo, sienten orgulloso y gratitud por la existencia de este patrimonio nacional.

Y, ahora que la educación superior enfrenta nuevos retos, como los imparables avances tecnológicos, la virtualidad, la inteligencia artificial, las redes sociales, la proliferación de instituciones y programas de educación superior con serias asimetrías en cuanto a lo económico y a la calidad académica, la globalización en la educación, la investigación, las modernas prácticas pedagógicas, entre otros, la familia Unilibrista unida seguirá acerando la Universidad Libre para que siga siendo referente de élite académica y de compromiso social. Que viva la Universidad Libre.

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